Lanzarote es una isla aflorada de volcanes donde los cuatro elementos de la naturaleza pueden sentirse como en pocos lugares del planeta; un inmenso escenario natural de 845 km2 donde tierra, agua, aire y fuego se funden para mostrarnos el ciclo de la vida desde sus inicios hasta su final pasando por sus diversas etapas.
En 1993, la isla fue declarada por la UNESCO Reserva de la Biosfera. César Manrique, artista polifacético cuya acción creadora dejó una profunda huella, fue uno de los grandes impulsores de la declaración. Uno de los aspectos considerados para la declaración fue la obra del propio artista, de intervención en el territorio e integrada en él, todo un ejemplo de estrecha asociación entre el arte y la naturaleza.
La declaración de Reserva de Biosfera reconoce el trabajo realizado durante décadas por los hombres y mujeres de Lanzarote -agricultores en su mayoría- y sus esfuerzos por instaurar un modelo de desarrollo innovador y original en un entorno que se perfilaba hostil por la escasez de agua y la dureza de la tierra.
Debido a los fuertes impactos que ha experimentado en su ecosistema, Lanzarote se ha convertido en termómetro social de preocupación por la preservación del medio natural, por lo que reúne las condiciones idóneas para la realización de un evento de estas características cuyo objetivo es propiciar un verdadero encuentro de naturaleza y arte.
Lugares como el Parque Nacional de Timanfaya -un espacio único para conocer el funcionamiento geológico de nuestro planeta y los recursos que nos brinda: los Jameos del Agua y la Cueva de Los Verdes, el archipiélago Chinijo, el Mirador del Río o el Jardín de Cactus, son sólo algunos ejemplos que hacen de esta isla un pequeño paraíso por el que se ha de luchar para conservar.